Teoria del estado Dalva Molina
lunes, 12 de noviembre de 2012
Propuestas, seguridad social univesal
SEGURIDAD SOCIAL UNIVERSAL: UN CAMINO PARA MEXICO
PUNTOS IMPORTANTES
- Impacto sobre la pobreza y la desigualdad. La propuesta tiene tres impactos sobre las familias pobres: uno negativo por el aumento en los gravámenes al consumo. Otro positivo por acceso a mejores beneficios de seguridad social. Uno más positivo al eliminarse el impuesto al empleo formal y el subsidio al empleo informal, lo que permite combatir la pobreza por la vía del empleo productivo. A mediano plazo éste sería uno de los efectos más importantes de la propuesta ya que estos impuestos y subsidios son mayores para los trabajadores pobres que los no pobres. Se fortalecería el combate a la pobreza por la vía del empleo productivo. El impacto neto es, sin ninguna ambigüedad, positivo.
- Impacto sobre las pensiones y el ahorro. Mes tras mes, todos los trabajadores verían reflejados en sus cuentas individuales los depósitos provenientes del FNSSU.
Se establecería una conexión directa entre la contribución a la seguridad social que pagan en la puerta de la tienda y su patrimonio para el retiro. Contarían con una pensión de retiro 39 millones de trabajadores en vez de 13.
- Al desgravar más la nómina en los salarios más bajos y eliminar el subsidio a la informalidad, la propuesta corrige un aspecto particularmente perverso del sistema actual: que el impuesto a la formalidad y el subsidio a la informalidad es mayor para los trabajadores de más bajos salarios. Lo anterior es de gran importancia para los trabajadores pobres (alrededor de 25% de la PEA) y para los trabajadores jóvenes.
- La protección ante el desempleo crece en el contexto de la seguridad social universal, ya que ésta le ofrece al trabajador los mismos servicios médicos, seguros de invalidez y recursos para su retiro, si es asalariado y si no es. La estabilidad en un empleo asalariado deja de ser condición de acceso a la seguridad social. Esto abre la puerta para una modernización de los mecanismos de protección ante el despido, a través de un moderno seguro de desempleo y un rediseño de los mecanismos de financiamiento de las primas de antigüedad. Lo anterior protegería al trabajador más eficazmente y reduciría los costos contingentes de las empresas.
- El conjunto de medidas descritas modificaría profundamente la relación entre empresas y trabajadores en México, para bien de ambos.
- Los incentivos a la ilegalidad serían menores. Se reduciría la rotación de trabajadores inducida por las estrategias de evasión y elusión; se reduciría el incentivo de recurrir a modalidades de contratación externa sólo para reducir los costos laborales.
- El impuesto implícito a crecer, derivado del riesgo de ser detectados por la autoridad, se reduciría. Ello facilitaría un aumento en el tamaño promedio de la empresa (¡que en 2008 era de cinco trabajadores, sin contar las empresas no captadas en el censo!).
- La propuesta representa un esfuerzo importante de transformación institucional. Parte de lo mucho construido, pero reconoce que la arquitectura vigente nos atrapa en dilemas de los que es indispensable escapar.
PUNTOS CONFLICTIVOS
-Impacto sobre la salud. Los recursos públicos para la salud pasan de 260 mil a 395 mil millones, un aumento de 52%, 1.1% del PIB. Para los trabajadores informales, primordialmente atendidos por los servicios de salud de los gobiernos estatales, el aumento sería de 106%. Todos los trabajadores y sus familias podrían recibir el mismo catálogo de tratamientos médicos independientemente de las vicisitudes del mercado laboral, eliminándose la inequidad que representa el depender del tipo de trabajo para acceder a servicios públicos de salud de amplio alcance.
- Los servicios de salud serían provistos por el IMSS y los gobiernos estatales. El gran reto sería unificar los modelos de prestación de servicios médicos del IMSS con los de los programas no contributivos (Seguro Popular, IMSS-Oportunidades, Seguro Médico para una Nueva Generación).
- La desgravación de la nómina es sustantiva; estimularía decisivamente el empleo en las empresas formales y legales. Además, como los beneficios comunes para todos los trabajadores serían financiados de una fuente común ajena al estatus laboral (el FNSSU), el subsidio a la informalidad desaparecería; ningún trabajador informal recibiría beneficios de forma gratuita que perdería por obtener un empleo formal. Por esos dos mecanismos, el resultado sería fomentar el empleo productivo y desincentivar el improductivo.
- Mayor tamaño de la empresa y permanencia más larga en el trabajo se traduciría en más aprendizaje y capacitación en el empleo lo que, para la gran masa de trabajadores que ya no van a adquirir mayor escolaridad, es la ruta más promisoria para un mayor salario. Las empresas tendrían horizontes de planeación más largos, y ellas y los trabajadores vivirían en un mundo de mayor certidumbre. Se facilitaría el tránsito de empresas precarias creando empleos precarios, a empresas de primera creando empleos de primera.
- Todo lo anterior contribuiría a más productividad, mayores salarios reales y, eventualmente, un mercado interno más amplio y dinámico. A ello debemos sumar los beneficios de un mayor ahorro financiero disponible para la inversión productiva. Poco a poco se liberaría a la economía del lastre de la informalidad, creándose mejores condiciones para que el talento, la creatividad y el esfuerzo de trabajadores y empresarios se conviertan en prosperidad compartida y sostenida.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Seguridad Social Universal: un camino para México
SEGURIDAD SOCIAL UNIVERSAL: UN CAMINO PARA MEXICO
Entre 1960 y 2008 el producto per cápita de México cayó 14% comparado con el de Estados Unidos. Ello a pesar de que la acumulación de capital y el crecimiento de la fuerza de trabajo en México superaron al de Estados Unidos en 24%.
La economía informal, que no paga impuestos ni otorga seguridades sociales, es una fuente muy importante de baja productividad.
Un peso de capital y trabajo invertido en el sector formal rinde entre 28% y 50% más que el mismo peso invertido en el sector informal. Esto se debe a que las empresas informales generalmente viven en la ilegalidad, son chicas, no tienen economías de escala, invierten poco en nuevas tecnologías y capacitación de sus trabajadores, tienen pocas innovaciones tecnológicas, su acceso al crédito es escaso y sus procesos productivos son sencillos. La informalidad también induce un exceso de trabajadores por cuenta propia, que difícilmente adquieren nuevas habilidades sobre todo si llevan a cabo sus actividades en la calle.
La informalidad se genera por distorsiones del régimen fiscal y de seguridad social. Sin menospreciar los aspectos fiscales, nos enfocaremos en este artículo a explorar la seguridad social como causa de informalidad y fuente de baja productividad.
La seguridad social en México está segmentada según el trabajo que se tiene.
Hay dos grandes clases de trabajadores: asalariados y no asalariados (ver gráfico 1). Los asalariados tienen un “patrón” (empresa), cobran un salario y pagan impuestos en el lugar de trabajo. Estos trabajadores son sujetos de la seguridad social contributiva (SSC).
Los no asalariados trabajan por cuenta propia, en empresas familiares, o se asocian con empresas en relaciones donde no hay “patrón” y no reciben un salario sino pagos por comisión o por destajo. Estos trabajadores no pagan impuestos en el lugar de trabajo y son sujetos de la seguridad social no contributiva (SSNC).
En principio, todos los trabajadores asalariados deberían estar registrados en el IMSS y contribuir con sus patrones para un conjunto articulado de seguros de salud, vida, invalidez y riesgos de trabajo, así como para pensiones de retiro, vivienda y servicios de guardería.
Los trabajadores informales son los no asalariados y aquellos asalariados contratados ilegalmente por sus empresas. Reciben beneficios de la SSNC a través de diversos programas dispersos de salud, pensiones de retiro, guarderías y subsidios a la vivienda. No contribuyen para esos beneficios cuyo costo, equivalente en 2008 al 1.25% del PIB, es absorbido ciento por ciento por el gobierno.
El impuesto al empleo formal genera varias distorsiones:
1. Induce a las empresas a evadir el pago de sus contribuciones a la seguridad social reduciendo su tamaño.
2. Genera elusión fiscal mediante rotación de trabajadores, manipulación del tiempo de los contratos y formas de contratación.
3. Fomenta el empleo por cuenta propia y la proliferación de empresas familiares sin relación obrero-patronal.
Por su parte, el subsidio al empleo informal agrava los tres problemas anteriores y además subsidia la evasión de impuestos (los trabajadores asalariados reciben beneficios gratuitos si las empresas que los contratan violan la ley). También desvincula los beneficios del pago de contribuciones y erosiona la sustentabilidad fiscal.
México puede estar atrapado en un círculo vicioso de informalidad y baja productividad. Su secuencia de autoalimentación es la siguiente: el impuesto al empleo formal fomenta empresas precarias que evaden y generan malos empleos; también fomenta excesivo empleo por cuenta propia. Muchos trabajadores quedan excluidos de la SSC. Para ofrecerles al menos algunos beneficios sociales, el gobierno crea o expande programas de SSNC.
La situación plantea un dilema entre productividad y bienestar socialpor una parte, no hay que fomentar la informalidad; por la otra, hay que mejorar los programas sociales para la población desprotegida. Por un lado, es urgente ampliar la base tributaria y fomentar la productividad para acelerar el crecimiento; por el otro, es indispensable extender la cobertura de salud, de pensiones y de guarderías para aumentar la equidad.
La raíz del problema está en el financiamiento asimétrico de la seguridad social en función del estatus laboral del trabajador. Esta asimetría resulta en que algunos trabajadores tienen derechos de seguridad social y otros no (o, como los trabajadores cambian entre trabajos formales e informales, que el mismo trabajador a veces tenga derechos y a veces no).
Sin contribuciones a la seguridad social, los salarios de los trabajadores formales serían 17% más altos, esto es, esos trabajadores podrían consumir un 17% más. Visto así, puede decirse que los trabajadores formales pagan un impuesto al consumo en la puerta de la fábrica para pagar su seguridad social (conocido como contribución a la seguridad social), y otro impuesto al consumo en la puerta de la tienda donde hacen sus compras (conocido como IVA).
Los trabajadores informales también pagan un impuesto al consumo en la puerta de la tienda (el IVA) pero ninguno en la puerta de la fábrica.
Así, los trabajadores formales pagan dos impuestos; los informales uno pero reciben beneficios de seguridad social crecientemente cercanos a los que reciben los formales.
En suma: financiamos la seguridad social con una mezcla de impuestos inequitativa, porque hay trabajadores informales con ingresos mayores que los formales, y porque el mismo trabajador a veces es formal y a veces no.
Esbozamos una propuesta de seguridad social universal para otorgar derechos iguales a todos los trabajadores del apartado “A”, independientemente de su estatus laboral. Su objetivo es más equidad y mayor productividad, simultáneamente.
La propuesta tiene tres partes. La primera otorga a todos los trabajadores:
1. Un seguro de salud igual al que hoy día reciben los trabajadores formales (paquete IMSS).
2. Una contribución a la cuenta individual de retiro igual a la que hoy día recibe un trabajador que gana dos salarios mínimos, pero durante toda su vida laboral (no sólo cuando es asalariado).
3. Un seguro de invalidez y de vida también con cobertura de dos salarios mínimos.
La segunda parte agrega para los trabajadores asalariados:
1. Un seguro de riesgos de trabajo y otro de guarderías, igual al que hoy reciben los afiliados al IMSS.
2. Contribuciones complementarias para pensiones de retiro y para el seguro de invalidez y vida que igualen las que reciben hoy los afiliados al IMSS.
3. Garantía de pensión mínima de retiro igual a la que hoy tienen los afiliados al IMSS.
La tercera parte supone:
1. Transferencias directas a las familias pobres para compensar el impacto de los impuestos al consumo con que se financiaría el sistema.
2. Compensación a los gobiernos estatales por las menores participaciones que recibirían dado que parte de los impuestos al consumo estarían etiquetados para seguridad social.
3. Terminar con el impuesto a la nómina para la vivienda (Infonavit).
4. Absorber el pasivo laboral del IMSS por el gobierno federal.
La idea clave es financiar los beneficios de la primera parte, que son comunes para todos, con el pago de un impuesto común, que no dependa de la condición laboral.
Al efecto, se propone crear una contribución para la seguridad social universal con la misma mecánica que el IVA, aplicando ambos tributos sobre todo el consumo, sin exenciones, con una tasa total de 16%. De ésta, 10% sería para el Fondo Nacional de Seguridad Social Universal y 6% sería el IVA para el gasto público general.
Los beneficios de la segunda parte, al ser sólo para asalariados, se pagarían con una contribución patronal sobre la nómina.
Todos los recursos de la CSSU entrarían a un apartado nuevo del presupuesto federal, el Fondo Nacional para la Seguridad Social Universal (FNSSU), cuyos propósitos serían cuatro.
Primero, exigibilidad de los derechos sociales de los trabajadores: ni un peso del Fondo sería ejercido por el gobierno federal. Parte de los recursos iría directamente a las cuentas de los trabajadores, y parte al IMSS y los gobiernos estatales para los estrictos fines del seguro de salud.
Segundo, transparencia y rendición de cuentas: no pueden usarse los recursos del Fondo para ningún otro propósito.
Tercero, sustentabilidad fiscal: la seguridad social de los trabajadores asalariados y no asalariados está plenamente financiada y no crea desequilibrios fiscales o pasivos contingentes. (Esto pondría a México en la vanguardia mundial en esta materia.)
Cuarto, vínculo directo entre beneficios y contribuciones: beneficios permanentes están vinculados a una fuente de financiamiento permanente. Ajustes a los beneficios requieren ajustes a las contribuciones.
Impacto sobre la pobreza y la desigualdad. La propuesta tiene tres impactos sobre las familias pobres: uno negativo por el aumento en los gravámenes al consumo. Otro positivo por acceso a mejores beneficios de seguridad social. Uno más positivo al eliminarse el impuesto al empleo formal y el subsidio al empleo informal, lo que permite combatir la pobreza por la vía del empleo productivo. A mediano plazo éste sería uno de los efectos más importantes de la propuesta ya que estos impuestos y subsidios son mayores para los trabajadores pobres que los no pobres. Se fortalecería el combate a la pobreza por la vía del empleo productivo. El impacto neto es, sin ninguna ambigüedad, positivo.
La propuesta contribuye también a reducir la desigualdad en la distribución del ingreso.
Los servicios de salud serían provistos por el IMSS y los gobiernos estatales. El gran reto sería unificar los modelos de prestación de servicios médicos del IMSS con los de los programas no contributivos (Seguro Popular, IMSS-Oportunidades, Seguro Médico para una Nueva Generación).
La desgravación de la nómina es sustantiva; estimularía decisivamente el empleo en las empresas formales y legales. Además, como los beneficios comunes para todos los trabajadores serían financiados de una fuente común ajena al estatus laboral (el FNSSU), el subsidio a la informalidad desaparecería; ningún trabajador informal recibiría beneficios de forma gratuita que perdería por obtener un empleo formal. Por esos dos mecanismos, el resultado sería fomentar el empleo productivo y desincentivar el improductivo.
Al desgravar más la nómina en los salarios más bajos y eliminar el subsidio a la informalidad, la propuesta corrige un aspecto particularmente perverso del sistema actual: que el impuesto a la formalidad y el subsidio a la informalidad es mayor para los trabajadores de más bajos salarios. Lo anterior es de gran importancia para los trabajadores pobres (alrededor de 25% de la PEA) y para los trabajadores jóvenes.
La protección ante el desempleo crece en el contexto de la seguridad social universal, ya que ésta le ofrece al trabajador los mismos servicios médicos, seguros de invalidez y recursos para su retiro, si es asalariado y si no es. La estabilidad en un empleo asalariado deja de ser condición de acceso a la seguridad social. Esto abre la puerta para una modernización de los mecanismos de protección ante el despido, a través de un moderno seguro de desempleo y un rediseño de los mecanismos de financiamiento de las primas de antigüedad. Lo anterior protegería al trabajador más eficazmente y reduciría los costos contingentes de las empresas.
El conjunto de medidas descritas modificaría profundamente la relación entre empresas y trabajadores en México, para bien de ambos.
Los incentivos a la ilegalidad serían menores. Se reduciría la rotación de trabajadores inducida por las estrategias de evasión y elusión; se reduciría el incentivo de recurrir a modalidades de contratación externa sólo para reducir los costos laborales.
El impuesto implícito a crecer, derivado del riesgo de ser detectados por la autoridad, se reduciría. Ello facilitaría un aumento en el tamaño promedio de la empresa (¡que en 2008 era de cinco trabajadores, sin contar las empresas no captadas en el censo!).
Mayor tamaño de la empresa y permanencia más larga en el trabajo se traduciría en más aprendizaje y capacitación en el empleo lo que, para la gran masa de trabajadores que ya no van a adquirir mayor escolaridad, es la ruta más promisoria para un mayor salario. Las empresas tendrían horizontes de planeación más largos, y ellas y los trabajadores vivirían en un mundo de mayor certidumbre. Se facilitaría el tránsito de empresas precarias creando empleos precarios, a empresas de primera creando empleos de primera.
Todo lo anterior contribuiría a más productividad, mayores salarios reales y, eventualmente, un mercado interno más amplio y dinámico. A ello debemos sumar los beneficios de un mayor ahorro financiero disponible para la inversión productiva. Poco a poco se liberaría a la economía del lastre de la informalidad, creándose mejores condiciones para que el talento, la creatividad y el esfuerzo de trabajadores y empresarios se conviertan en prosperidad compartida y sostenida.
La propuesta representa un esfuerzo importante de transformación institucional. Parte de lo mucho construido, pero reconoce que la arquitectura vigente nos atrapa en dilemas de los que es indispensable escapar.
México no debe construir un Estado de bienestar sobre una base fiscal angosta completada por la renta petrolera. Tampoco debe combatir la pobreza sólo con transferencias de ingreso, ni aspirar a una prosperidad duradera sobre el estancamiento de la productividad; menos debe subsidiar las conductas evasivas y minar el Estado de derecho.
México necesita aumentar la tasa de crecimiento, para lo cual es indispensable aumentar la productividad y el ahorro. Debe fortalecer la inclusión social y la equidad, construyendo un Estado de bienestar moderno y eficaz. Debe acelerar el combate a la pobreza, reconvirtiendo empleos improductivos a productivos. Debe, finalmente, fortalecer su democracia, estableciendo un vínculo claro entre derechos y obligaciones.
La propuesta esbozada aquí contribuye a que el país pueda avanzar en todas esas dimensiones. Representaría la mayor expansión de los derechos sociales de los trabajadores desde la fundación del IMSS en 1943.
Tenemos que transitar simultáneamente por la ruta de la equidad y de la productividad, no una a costa de la otra, o sólo una y no la otra. Sumar voluntades a favor de esos dos objetivos, y darle contenido político, jurídico, administrativo, programático y presupuestario es trazar un camino para México.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Sintesis El nuevo paradigma mexicano
EL NUEVO PARADIGMA MEXICANO
La herencia del nacionalismo revolucionario estableció tradiciones indesafiables: nacionalismo energético, congelación de la propiedad de la tierra, sindicalismo monopólico, legalidad negociada, dirigismo estatal, “soberanismo” defensivo, corrupción consuetudinaria. Éstos fueron vicios, creencias y costumbres que el país adquirió en distintos momentos de su historia.
Las elecciones de 2012 volvieron a poner a México en la situación de un gobierno dividido, con una izquierda más inclinada a bloquear que a inducir reformas modernizadoras, y una rivalidad del PRI y el PAN que podría echar por tierra en la lucha política de cada día los ostensibles acuerdos estratégicos que ambos partidos comparten sobre los cambios de fondo que el país necesita. El hecho político de fondo es que nunca han estado más cerca los propósitos estratégicos de cambio y las políticas públicas propuestas por el PRI y por el PAN, al tiempo que en la izquierda empieza a verse el atisbo de una corriente dispuesta no sólo a bloquear sino también a pactar y a influir en los cambios.
Lo cierto es que el PAN y el PRI pueden volver a ser aliados en los años que vienen pues coinciden en cuestiones fundamentales. Pero el triunfo del PRI en las elecciones de 2012 presenta un problema anterior: la pregunta de si en vez de un salto político México no podría estar viviendo un salto hacia atrás, una restauración priista.
Creemos que la restauración en un sentido estricto, y aun en el laxo, no parece una opción clara y viable para nadie, empezando por el nuevo gobierno, cuyas acciones estarán severamente limitadas por un balance de poderes de realidad innegable. Históricamente en México quien dice restauración dice también populismo, alude a las peores tradiciones del PRI: un Estado autoritario, sostenido en la cooptación de clientelas, cuya irresponsabilidad fiscal crónica (sistémica) engendró las crisis económicas y lo hizo perder la presidencia en el año 2000.
La restauración puntual de aquel régimen es imposible porque la democracia hizo pedazos su pieza clave, a saber: la existencia de un partido hegemónico, con mayoría constitucional soviética en las cámaras, cuyo dueño era un presidente sin contrapesos ni en los otros poderes públicos, ni en los órganos de decisión económica, ni en la selección de los altos puestos políticos, otorgados todos desde arriba gracias al control abrumador del PRI sobre las elecciones y sobre la política profesional.
La paradoja es que esos mismos fragmentos conspiran contra la posibilidad de la restauración de un poder presidencial que pueda someterlos. Ni los poderes locales, ni los sindicatos grandes, ni los empresarios dominantes quieren un presidente fuerte. Los votantes tampoco: en todas las elecciones desde 1997 le han negado la mayoría legislativa a cuatro jefes de Estado.
El PRI puede no haber cambiado, pero el país sí. En primer lugar, aunque nadie lo diga en público ni lo reconozca lealmente en privado, Peña Nieto es el primer presidente de la historia del PRI electo por sufragio universal y no por el famoso “dedazo”. Todos sus antecesores, fueron nombrados y, cuando fue necesario, impuestos por el presidente en turno. Quienes piensan que el dedazo simplemente cambió de dueño pasando de Los Pinos a Televisa, simplemente desconocen el antiguo poder de Los Pinos, y probablemente el poder real de Televisa.
Como presidente, Peña Nieto enfrentará los mismos contrapesos, obstáculos y retos, no tendrá mayoría absoluta en ninguna de las cámaras, tendrá que lidiar con el contrapeso de un gobierno dividido y tendrá frente a sí, en el Distrito Federal, al segundo personaje electo más poderoso del país, el jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera.
El nuevo mandatario deberá convivir con una considerable diversidad de instituciones autónomas que el país ha construido en estos años, y que no son simples cajas de registro de instrucciones de la presidencia. La primera, y la más importante, es la Suprema Corte de Justicia, fuente de grandes dolores de cabeza para Fox y Calderón, y de grandes beneficios para la sociedad mexicana.
La segunda es el Instituto Federal Electoral, que pese a sus altas y bajas recurrentes imprime un sello innegable de legitimidad a cada elección federal de presidentes y Congreso. Sigue el Banco de México, dotado de plena independencia desde 1993, y una garantía parcial de prudencia macroeconómica, por lo menos en lo que corresponde al ámbito monetario. El Instituto Federal de Acceso a la Información, autónomo también, es fuente de transparencia y de jaquecas para todos los poderes en México, lo mismo que la Comisión Nacional de Derechos Humanos, una caja de resonancia cabal, incluso estridente, en su materia. Por último, el INEGI, fuente oficial de las estadísticas nacionales, con mejores y peores momentos, genera datos objetivos y confiables imposibles de manipular, sobre la economía y la sociedad mexicanas.
También juegan como frenos a la restauración, los medios de comunicación mexicanos, más libres y poderosos que nunca. Y, pese a su debilidad histórica, la sociedad civil mexicana que se encuentra más organizada y es más vigorosa que en cualquier momento de nuestra historia.
La relación de México con el mundo también ha cambiado y es una bienvenida camisa de fuerza contra las antiguas discrecionalidades nacionales. México está envuelto en una profusa red de acuerdos internacionales con cláusulas de todo género.
Peña Nieto ha dicho que quiere inversión minoritaria en Pemex (el PAN está de acuerdo); concentrar el esfuerzo de seguridad en el combate a la extorsión, el secuestro y el homicidio y en construir una policía nacional mucho más grande (el PAN está más o menos de acuerdo); establecer la jornada completa en la educación primaria y dotar de una computadora específicamente para niños a los alumnos de quinto y sexto años (el PAN no lo hizo y probablemente no le encante). Construir un sistema de protección social universal financiado por el fondo fiscal central (en buen castellano significa generalizar el IVA y eliminar los subsidios a la gasolina; el PAN más bien no está de acuerdo).
Para hacer un gobierno exitoso, de altos rendimientos económicos y sociales, el PRI necesita las reformas que él mismo ha contribuido a detener en estos años: en el ámbito energético, fiscal, laboral y educativo. El PAN quiere a cambio tres o cuatro reformas políticas de la mayor importancia: reelección de legisladores y alcaldes, la segunda vuelta en la elección presidencial, referéndum vinculante para cambiar la Constitución y reforma de los sindicatos públicos con tres decisiones clave: fin a la retención y entrega de cuotas sindicales por el gobierno, fin a la llamada “toma de nota”, mediante la cual el gobierno reconoce a las dirigencias sindicales, y fin a la cláusula de exclusión, mediante la cual un sindicato puede expulsar del trabajo a quien no se subordina política y laboralmente a sus criterios. Peña Nieto ha manifestado su desacuerdo tajante o con matices a todos estos puntos.
Se disciernen claramente las bases de un entendimiento: el nuevo gobierno debe ceder en aspectos políticos que no le gustan (aunque los aprueba una parte del PRI) y el PAN debe aprobar reformas que el PRI obstaculizó y que pueden resultar impopulares pero que darán al gobierno y al país grandes rendimientos en el mediano y largo plazos.
Los meses del interregno transcurrido desde las elecciones de julio parecen los más prometedores de mucho tiempo. Para empezar, en el primer periodo de sesiones del nuevo Congreso entró en vigor la reforma que permite al presidente enviar dos iniciativas de ley de obligatoria revisión, dictaminación y voto en los treinta días siguientes a su llegada a las cámaras (treinta para los diputados y treinta para los senadores). En el marco de una transición suave y pactada, el gobierno saliente envió al Congreso dos iniciativas, una que uniforma la contabilidad pública nacional, evitando opacidades y trampas por diversos sistemas de registros, instrumento técnico clave de transparencia, otra la referida al trabajo, que incluye un capítulo propiamente laboral y otro de regulación de la vida política y la rendición de cuentas de los sindicatos.
El resto de la agenda congresional para el interregno y los primeros meses del nuevo gobierno, va en el rumbo del nuevo paradigma. Se han planteado, propuesto o comprometido por el nuevo gobierno cambios legislativos para dos tipos de reformas: las de carácter estructural y las derivadas de la coyuntura política posterior a las elecciones.
Las primeras se refieren a la cuestión laboral, ya comentada; la cuestión energética, que incluye la apertura de Pemex a la inversión privada; la cuestión hacendaria, que supone el cierre de las exenciones y privilegios fiscales, asunto vinculado, como hemos dicho antes, a la más ambiciosa de las reformas planteadas por el gobierno entrante: el financiamiento y construcción de un sistema universal de seguridad social para todos los mexicanos, por el hecho de serlo.
El fragor de la batalla electoral trajo a la agenda tres reformas de coyuntura, destinadas a satisfacer reclamos de la opinión pública y de la oposición, que el gobierno entrante codificó en tres propuestas: una comisión nacional autónoma contra la corrupción, una ampliación de las facultades de investigación del Instituto Federal de Acceso a la Información a las finanzas de estados y municipios, y una comisión ciudadana adicional para administrar un mecanismo transparente de gasto de dinero público en los medios de comunicación.
Lo importante no será tanto cuántas reformas se aprueben sino cuántas señales trascendentes puedan enviarse desde el gobierno y el Congreso sobre el lugar adonde se quiere ir, como Estado y como país. A nuestro juicio, tres señales fundamentales serían las siguientes:
Primero, poner fin al tabú petrolero mediante una reforma constitucional que permita la inversión privada minoritaria en Pemex.
Segundo, un plan de inversión pública en infraestructura de cara al nuevo mapa regional de México, para conectar a las regiones entre sí y para fortalecer sus vínculos con el resto del mundo:.
Tercero, pero quizá lo más importante: un aumento sustancial de los recursos públicos atados al financiamiento de un piso de seguridad social universal, para todos los mexicanos por el hecho de serlo.
México necesita una épica de prosperidad, una narrativa creíble de futuro. Puede montarla sobre los ejes del nuevo paradigma que doce años de democracia han sembrado al fin en la cabeza de la sociedad mexicana, luego de demoler uno a uno sus mitos: el mito de la Revolución, el mito del presidente, el mito del petróleo, el mito del PRI, el mito del enemigo en la frontera norte, y el gran mito del gobierno que da y la sociedad que recibe.
En conclusión los México necesita ponerse como meta el cambio, cambiar sus ideas de pobreza para realmente enfocarse en cuales son las bases de la riqueza, para que esta, una vez bien establecida pueda crear más oportunidades y combatir así la pobreza. La exigencia de prosperidad debe ser un factor vital, ya que de esta sale el verdader bienestar, generalizando lo así a la nación.
domingo, 28 de octubre de 2012
Clientelismo, corporativismo mexicano, Facismo, Stanlinismo, Neocorporativismo
-Clientelismo
Cuidado o protección con que los poderosos defienden o favorecen a los que se acogen ellos.
La relación patrón-cliente ha recibido múltiples atributos en la literatura socio-política. Puede definirse como un tipo especial de relación diádica que asume en gran medida un carácter instrumental en el cual el individuo de estatus socio-económico más alto (el patrón) usa su influencia y recursos para ofrecer protección y beneficios a la persona de estatus más bajo, quien a su vez retribuye al patrón ofreciendo apoyo, asistencia y servicios personales.
Las principales características de la relación entre el patrón y el cliente son las siguientes: a) las relaciones son usualmente particularistas y difusas; b) la interacción que sirve de fundamento a esa relación se caracteriza por un intercambio simultáneo de recursos de diferentes tipos, sobre todo, económicos y políticos (apoyo, lealtad, votos y protección), y promesas de reciprocidad, solidaridad y lealtad; c) el intercambio de recursos es usualmente combinado en “paquetes”, es decir, los recursos no se intercambian de manera separada sino conjuntamente; d) tiende a haber un fuerte componente de reciprocidad y confianza en la relación que se proyecta en el largo plazo; e) la obligación impersonal permea la relación –esto se expresa usualmente en términos de lealtad personal o reciprocidad entre el patrón y el cliente– mientras que el elemento de solidaridad puede ser muy fuerte como en el caso de las relaciones primarias típicas del patronazgo clásico o débil como en el caso de las maquinarias modernas; f) las relaciones entre patronos y clientes no son fundamentalmente legales o contractuales, se basan en mecanismos informales de entendimiento y con frecuencia se oponen a la ley formal; g) a pesar de su persistencia y consistencia, las relaciones entre patronos y clientes se inician de manera voluntaria y pueden, teóricamente por lo menos, romperse voluntariamente; h) las relaciones clientelistas se asumen en forma vertical –siendo la manifestación más simple la diádica– y tienden a subvertir la organización horizontal tanto entre los patronos como entre los clientes, pero sobre todo entre los clientes; i) las relaciones entre patronos y clientes son muy desiguales y expresan la diferencia de poder entre unos y otros con los patronos monopolizando recursos que necesitan o desean los clientes.
Las relaciones clientelistas pueden encontrarse en una gran variedad de sociedades o diversos niveles de desarrollo y modernización. Las relaciones clientelistas se desarrollan en las plantaciones agrícolas donde se estructuran en torno al acceso a la tierra y otros medios de subsistencia de los campesinos.
Emergen también entre deudores y acreedores, entre los campesinos y comerciantes que tienen acceso al mercado. Surgen también en contextos urbanos entre políticos y marginados, en las maquinarias políticas.
En el caso de América Latina, Eisenstadt y Roniger plantean que el surgimiento de las relaciones clientelistas fueron el resultado de dos procesos. Por un lado, la conquista y el dominio colonial que gestó una sociedad basada en una relación de poder fuerte entre los distintos estratos sociales y una preocupación por el orden jerárquico, el prestigio y el honor. Por otro, el debilitamiento de las instituciones centrales de control y la focalización de las relaciones de poder.
-Corporativismo mexicano
Existe entonces una fuerte necesidad de conciliar los intereses de capitalistas y trabajadores para beneficiar a la sociedad de las aptitudes de ambos bandos. Es en este momento cuando se empieza a teorizar sobre instituciones que agrupen a todos los actores económicos. El corporativismo es una forma de colaboración de clases establecida como alternativa a la lucha de clases y fue propuesta por el Papa León XIII en su encíclica de 1891 Rerum Novarum. No obstante, la corporación tiene su realización en la práctica dentro del fascismo.
Con el corporativismo busca hacer un poder que se funde en la unidad nacional y fomente el desarrollo pidiendo a los individuos que subordinen sus intereses personales a los de la nación.
Por ende, se da una gran necesidad de juntar los intereses de capitalistas y trabajadores para dar así, un beneficio a la sociedad de las virtudes de ambos lados.
El corporativismo es una forma de colaboración de clases.
México requiere de un poder que junte a los sectores más productivos y los guié a satisfacer las necesidades de la nación.
No es el fin que el director de la empresa pierda beneficios obligándose a aportar donde no hay ganancia sino que de apoyo al mercado nacional.
Es de vital importancia que nosotros mismos seamos nuestro principal socio comercial, que nuestro principal mercado sea el nacional.
No es la idea destruir lo que ya existe. El fin es retomarlo y agruparlo de tal forma que se concilien intereses de clase y se busque el interés colectivo sobre el de carácter individual.
Perdiendo así el individualismo en los miembros de la comunidad y aceptando la jerarquía.
La propiedad no debe ser objeto de preferencia a individuos sino a grupos.
La corporación surge como una idea inspirada en la propia naturaleza, en la convivencia armónica de las personas como miembros de un gran clan. Los miembros aceptan la jerarquía y la propiedad no es investida a individuos sino preferencialmente a grupos.
La economía nacionalsocialista es el triunfo del corporativismo. Se trató de la coordinación perfecta entre jerarquía, metas nacionales y corporaciones.
México necesita de un poder autoritario y no totalitario que agrupe a los sectores productivos y los encamine a satisfacer las necesidades nacionales. De ninguna manera se pretende que el director de la empresa pierda beneficios obligándole a producir donde no hay ganancia sino que centre su atención al mercado nacional. Casi la totalidad de nuestro comercio internacional está en relación a Estados Unidos teniendo una balanza comercial deficitaria. Es menester que nosotros mismos seamos nuestro principal socio comercial, que nuestro principal mercado sea el nacional.
No se trata de destruir lo existente. Se trata de retomarlo y agruparlo de tal manera que se concilien intereses de clase y se busque el interés colectivo sobre el de carácter individual.
-Neocorporativismo
El concepto de neocorporativismo, o corporativismo liberal, o corporatismo (siempre diferenciado del corporativismo organicista y autoritario) alude a situaciones que han tenido lugar durante la segunda posguerra en algunos países centro y nor-europeos. El neocorporativismo puede ser visto ya sea como un sistema institucionaliza do de representación de los intereses, ya sea como un sistema institucionaliza do de formación, decisión y ejecución de las políticas-progra mas de acción. El primer aspecto es principalmente estructural; el segundo es principalmente funcional. En realidad se trata de una distinción analítica de dos aspectos de un mismo fenómeno: la corporativización de los procesos de representación (insumos) y de los procesos decisionales (exumos).
En el aspecto funcional, por su parte, el neocorporativismo postula que en el proceso de formación, decisión y ejecución de las políticas-programas de acción, las grandes organizaciones de los intereses deben colaborar entre sí y con las autoridades públicas.
El neocorporativismo es un modo entre otros para gestionar el capitalismo avanzado, al que se recurre para facilitar la resolución conjunta de dos funciones vitales: la acumulación de capital y la legitimación por vía del consenso público. El neocorporativismo es considerado idóneo para ambos fines porque su política de colaboración interclasista favorece el consenso social y las compensaciones normativo-institucionales acordadas a los sindicatos a cambio de la moderación de sus demandas económicas asegura a los empresarios la oportunidad de acumulación.
-Facismo
El fascismo es un movimiento político y social que nació en Italia de la mano de Benito Mussolini tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. Se trata de un movimiento totalitario y nacionalista, cuya doctrina (y las similares que se desarrollaron en otros países) recibe el nombre de fascista.
El fascismo se propuso como una tercera vía ante las democracias liberales (como la estadounidense) y el socialismo (la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Además del régimen de Mussolini en Italia, se califica como fascistas a la Alemania de Adolf Hitler y la España de Francisco Franco.
El fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. El Estado fascista ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda (incluyendo la manipulación del sistema educativo).
El líder fascista es un caudillo que aparece por encima de los hombres comunes. Mussolini se autodenominaba como Il Duce, que deriva del latín Dux (“General”). Se trata de liderazgos mesiánicos y autoritarios, con un poder que se ejerce de manera unilateral y sin ningún tipo de consulta.
En Alemania, el fascismo está asociado al nazismo. Este movimiento tuvo un fuerte componente racial, que promulgaba la superioridad de la raza aria y buscaba el exterminio de otras colectividades, como los judíos, los gitanos y los negros.
-Stanlinismo
Stalinismo, término que en ciencia política designa a la ideología y praxis política del líder soviético Iósiv Stalin y, por extensión, a la de los seguidores de esta doctrina.
Hay que destacar que el stalinismo está caracterizado por su gran dureza, es decir, por su autoritaridad comunista en la Unión Soviética. Y no debemos confundir las otras dictaduras comunistas que se han creado con el stalinismo. Quiero decir que Stalinismo no es igual a dictadura comunista, si no que fué un tipo de dictadura que se dió en un solo caso.
El stalinismo fué defendido y asociado a las afirmaciones de Stalin, de que aunque haya una hostilidad de los países vecinos capitalistas, era posible construir un país comunista; aunque se haya apagado las revoluciones en dicho país. Y todo esto llevó a la Unión Soviética a un orgullo nacional y fortaleció la unidad soviética en todo el país.
Hay que destacar que el stalinismo llevó a cabo un gran desarrollo tecnológico al país, llevándolo a lo más alto del mundo, es decir, a una potencia mundial. Y aunque hubo unos costes humanos se llevó asta la más absoluta modernización de la época a Rusia.
Tengo que indicar que los llamados stalinistas o el calificativo stalinista describe a unos comunistas que siguieron el modelo soviético de manera entusiasta e incondicional. Todo comunista que lleva a raja-tabla el comunismo duramente, con tipos de represiones para defender sus bases y demás, son clasificados stalinistas.
Cuidado o protección con que los poderosos defienden o favorecen a los que se acogen ellos.
La relación patrón-cliente ha recibido múltiples atributos en la literatura socio-política. Puede definirse como un tipo especial de relación diádica que asume en gran medida un carácter instrumental en el cual el individuo de estatus socio-económico más alto (el patrón) usa su influencia y recursos para ofrecer protección y beneficios a la persona de estatus más bajo, quien a su vez retribuye al patrón ofreciendo apoyo, asistencia y servicios personales.
Las principales características de la relación entre el patrón y el cliente son las siguientes: a) las relaciones son usualmente particularistas y difusas; b) la interacción que sirve de fundamento a esa relación se caracteriza por un intercambio simultáneo de recursos de diferentes tipos, sobre todo, económicos y políticos (apoyo, lealtad, votos y protección), y promesas de reciprocidad, solidaridad y lealtad; c) el intercambio de recursos es usualmente combinado en “paquetes”, es decir, los recursos no se intercambian de manera separada sino conjuntamente; d) tiende a haber un fuerte componente de reciprocidad y confianza en la relación que se proyecta en el largo plazo; e) la obligación impersonal permea la relación –esto se expresa usualmente en términos de lealtad personal o reciprocidad entre el patrón y el cliente– mientras que el elemento de solidaridad puede ser muy fuerte como en el caso de las relaciones primarias típicas del patronazgo clásico o débil como en el caso de las maquinarias modernas; f) las relaciones entre patronos y clientes no son fundamentalmente legales o contractuales, se basan en mecanismos informales de entendimiento y con frecuencia se oponen a la ley formal; g) a pesar de su persistencia y consistencia, las relaciones entre patronos y clientes se inician de manera voluntaria y pueden, teóricamente por lo menos, romperse voluntariamente; h) las relaciones clientelistas se asumen en forma vertical –siendo la manifestación más simple la diádica– y tienden a subvertir la organización horizontal tanto entre los patronos como entre los clientes, pero sobre todo entre los clientes; i) las relaciones entre patronos y clientes son muy desiguales y expresan la diferencia de poder entre unos y otros con los patronos monopolizando recursos que necesitan o desean los clientes.
Las relaciones clientelistas pueden encontrarse en una gran variedad de sociedades o diversos niveles de desarrollo y modernización. Las relaciones clientelistas se desarrollan en las plantaciones agrícolas donde se estructuran en torno al acceso a la tierra y otros medios de subsistencia de los campesinos.
Emergen también entre deudores y acreedores, entre los campesinos y comerciantes que tienen acceso al mercado. Surgen también en contextos urbanos entre políticos y marginados, en las maquinarias políticas.
En el caso de América Latina, Eisenstadt y Roniger plantean que el surgimiento de las relaciones clientelistas fueron el resultado de dos procesos. Por un lado, la conquista y el dominio colonial que gestó una sociedad basada en una relación de poder fuerte entre los distintos estratos sociales y una preocupación por el orden jerárquico, el prestigio y el honor. Por otro, el debilitamiento de las instituciones centrales de control y la focalización de las relaciones de poder.
-Corporativismo mexicano
Existe entonces una fuerte necesidad de conciliar los intereses de capitalistas y trabajadores para beneficiar a la sociedad de las aptitudes de ambos bandos. Es en este momento cuando se empieza a teorizar sobre instituciones que agrupen a todos los actores económicos. El corporativismo es una forma de colaboración de clases establecida como alternativa a la lucha de clases y fue propuesta por el Papa León XIII en su encíclica de 1891 Rerum Novarum. No obstante, la corporación tiene su realización en la práctica dentro del fascismo.
Con el corporativismo busca hacer un poder que se funde en la unidad nacional y fomente el desarrollo pidiendo a los individuos que subordinen sus intereses personales a los de la nación.
Por ende, se da una gran necesidad de juntar los intereses de capitalistas y trabajadores para dar así, un beneficio a la sociedad de las virtudes de ambos lados.
El corporativismo es una forma de colaboración de clases.
México requiere de un poder que junte a los sectores más productivos y los guié a satisfacer las necesidades de la nación.
No es el fin que el director de la empresa pierda beneficios obligándose a aportar donde no hay ganancia sino que de apoyo al mercado nacional.
Es de vital importancia que nosotros mismos seamos nuestro principal socio comercial, que nuestro principal mercado sea el nacional.
No es la idea destruir lo que ya existe. El fin es retomarlo y agruparlo de tal forma que se concilien intereses de clase y se busque el interés colectivo sobre el de carácter individual.
Perdiendo así el individualismo en los miembros de la comunidad y aceptando la jerarquía.
La propiedad no debe ser objeto de preferencia a individuos sino a grupos.
La corporación surge como una idea inspirada en la propia naturaleza, en la convivencia armónica de las personas como miembros de un gran clan. Los miembros aceptan la jerarquía y la propiedad no es investida a individuos sino preferencialmente a grupos.
La economía nacionalsocialista es el triunfo del corporativismo. Se trató de la coordinación perfecta entre jerarquía, metas nacionales y corporaciones.
México necesita de un poder autoritario y no totalitario que agrupe a los sectores productivos y los encamine a satisfacer las necesidades nacionales. De ninguna manera se pretende que el director de la empresa pierda beneficios obligándole a producir donde no hay ganancia sino que centre su atención al mercado nacional. Casi la totalidad de nuestro comercio internacional está en relación a Estados Unidos teniendo una balanza comercial deficitaria. Es menester que nosotros mismos seamos nuestro principal socio comercial, que nuestro principal mercado sea el nacional.
No se trata de destruir lo existente. Se trata de retomarlo y agruparlo de tal manera que se concilien intereses de clase y se busque el interés colectivo sobre el de carácter individual.
-Neocorporativismo
El concepto de neocorporativismo, o corporativismo liberal, o corporatismo (siempre diferenciado del corporativismo organicista y autoritario) alude a situaciones que han tenido lugar durante la segunda posguerra en algunos países centro y nor-europeos. El neocorporativismo puede ser visto ya sea como un sistema institucionaliza do de representación de los intereses, ya sea como un sistema institucionaliza do de formación, decisión y ejecución de las políticas-progra mas de acción. El primer aspecto es principalmente estructural; el segundo es principalmente funcional. En realidad se trata de una distinción analítica de dos aspectos de un mismo fenómeno: la corporativización de los procesos de representación (insumos) y de los procesos decisionales (exumos).
En el aspecto funcional, por su parte, el neocorporativismo postula que en el proceso de formación, decisión y ejecución de las políticas-programas de acción, las grandes organizaciones de los intereses deben colaborar entre sí y con las autoridades públicas.
El neocorporativismo es un modo entre otros para gestionar el capitalismo avanzado, al que se recurre para facilitar la resolución conjunta de dos funciones vitales: la acumulación de capital y la legitimación por vía del consenso público. El neocorporativismo es considerado idóneo para ambos fines porque su política de colaboración interclasista favorece el consenso social y las compensaciones normativo-institucionales acordadas a los sindicatos a cambio de la moderación de sus demandas económicas asegura a los empresarios la oportunidad de acumulación.
-Facismo
El fascismo es un movimiento político y social que nació en Italia de la mano de Benito Mussolini tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. Se trata de un movimiento totalitario y nacionalista, cuya doctrina (y las similares que se desarrollaron en otros países) recibe el nombre de fascista.
El fascismo se propuso como una tercera vía ante las democracias liberales (como la estadounidense) y el socialismo (la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Además del régimen de Mussolini en Italia, se califica como fascistas a la Alemania de Adolf Hitler y la España de Francisco Franco.
El fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. El Estado fascista ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda (incluyendo la manipulación del sistema educativo).
El líder fascista es un caudillo que aparece por encima de los hombres comunes. Mussolini se autodenominaba como Il Duce, que deriva del latín Dux (“General”). Se trata de liderazgos mesiánicos y autoritarios, con un poder que se ejerce de manera unilateral y sin ningún tipo de consulta.
En Alemania, el fascismo está asociado al nazismo. Este movimiento tuvo un fuerte componente racial, que promulgaba la superioridad de la raza aria y buscaba el exterminio de otras colectividades, como los judíos, los gitanos y los negros.
-Stanlinismo
Stalinismo, término que en ciencia política designa a la ideología y praxis política del líder soviético Iósiv Stalin y, por extensión, a la de los seguidores de esta doctrina.
Hay que destacar que el stalinismo está caracterizado por su gran dureza, es decir, por su autoritaridad comunista en la Unión Soviética. Y no debemos confundir las otras dictaduras comunistas que se han creado con el stalinismo. Quiero decir que Stalinismo no es igual a dictadura comunista, si no que fué un tipo de dictadura que se dió en un solo caso.
El stalinismo fué defendido y asociado a las afirmaciones de Stalin, de que aunque haya una hostilidad de los países vecinos capitalistas, era posible construir un país comunista; aunque se haya apagado las revoluciones en dicho país. Y todo esto llevó a la Unión Soviética a un orgullo nacional y fortaleció la unidad soviética en todo el país.
Hay que destacar que el stalinismo llevó a cabo un gran desarrollo tecnológico al país, llevándolo a lo más alto del mundo, es decir, a una potencia mundial. Y aunque hubo unos costes humanos se llevó asta la más absoluta modernización de la época a Rusia.
Tengo que indicar que los llamados stalinistas o el calificativo stalinista describe a unos comunistas que siguieron el modelo soviético de manera entusiasta e incondicional. Todo comunista que lleva a raja-tabla el comunismo duramente, con tipos de represiones para defender sus bases y demás, son clasificados stalinistas.
viernes, 26 de octubre de 2012
Corporativismo en México
CORPORATIVISMO
MEXICANO
Con el corporativismo busca hacer
un poder que se funde en la unidad nacional y fomente el desarrollo pidiendo a
los individuos que subordinen sus intereses personales a los de la nación.
Por ende, se da una gran
necesidad de juntar los intereses de capitalistas y trabajadores para dar así,
un beneficio a la sociedad de las virtudes de ambos lados.
El corporativismo es una
forma de colaboración de clases.
México requiere de un poder que
junte a los sectores más productivos y los guié a satisfacer las necesidades de la nación.
No es el fin que el director de la empresa pierda
beneficios obligándose a aportar donde no hay ganancia sino que de apoyo al
mercado nacional.
Es de vital importancia que
nosotros mismos seamos nuestro principal socio comercial, que nuestro principal
mercado sea el nacional.
No es la idea destruir lo que
ya existe. El fin es retomarlo y agruparlo de tal forma que se concilien
intereses de clase y se busque el interés colectivo sobre el de carácter
individual.
Perdiendo así el
individualismo en los miembros de la comunidad y aceptando la jerarquía.
La propiedad no debe ser objeto
de preferencia a individuos sino a grupos.
En conclusión el
corporativismo mexicano se basa en la idea de compartir, de una ayuda mutua que
presta la nación con el fin de recibir el mismo bien a cambio, y así lograr una
unidad nacional, una apoyo mutuo, un mejor mercado en el territorio y
fomentando el olvido del individualismo.
martes, 23 de octubre de 2012
Facultad de los poderes y poderes partidistas del presidente
DIVISION DE LOS PODERES Y PODERES
PARTIDISTAS DEL PRESIDENTE
En primer lugar el presidente no puede disolver la legislatura ni obligarla a actuar en un sentido u otro. El origen y supervivencia independientes del Congreso están “garantizados” en la constitución.
En segundo lugar, la facultad para el legislador es lo suficientemente amplia y es la que cuenta con más numero de prerrogativas.
En tercer lugar, las facultades para controlar al ejecutivo parecen ser suficientes y adecuadas para hacer efectiva la división de poderes y cumplir con el propósito contrabalancearlo.
La facultad para presentar proyectos de ley es compartida por el presidente y los legisladores federales y estatales. El derecho exclusivo de presentar proyectos de ley que se otorga al jefe del ejecutivo únicamente se refiere a la esfera presupuestaria y, conforme a esa facultad, el poder ejecutivo debe someter anualmente a la aprobación del Congreso la Ley de Ingresos, y a la Cámara de Diputados, el Presupuesto de Egresos.
El presidente de México también cuenta con facultades de decreto de diferentes tipos e importancia. El primer tipo de facultades para dictar decretos es esencialmente regulatorio.
La Constitución mexicana establece que el ejecutivo está facultado para desempeñar funciones legislativas en los casos siguientes: derechos regulatorios o reglamentarios, en estados de urgencia, respecto a cuestiones de salud, tratados internacionales y regulaciones económicas, de acuerdo con el artículo 131. Algunas de las facultades presidenciales para legislar son otorgadas directamente por la Constitución mientras que otras deben ser delegadas primero y otras están más sujetas a la ratificación o aprobación subsecuentes.
El jefe del poder ejecutivo no cuenta con otras dos facultades legislativas importantes: a) la facultad para convocar referéndum o plebiscito, y b) la facultad para convocar al Congreso a sesiones extraordinarias.
Las facultades ejecutivas del poder legislativo
En México, el ejecutivo puede nombrar y destituir libremente a la mayoría de los integrantes del gabinete y a otros colaboradores cercanos.
Existen tres categorías de facultades presidenciales de nombramiento: nombramientos para los que no existen restricciones, nombramientos para los que se requiere la aprobación del senado y nombramientos que debe hacer conforme a leyes secundarias que rigen al ejército, la marina y la fuerza aérea nacionales.
Existen tres normas que se refieren a la facultad ejecutiva del poder legislativo.
La primera es que los miembros del gabinete pueden ser convocados por el Congreso, si ese cuerpo necesita información relacionada con las actividades de las dependencias encabezadas por ellos o cuando se está discutiendo alguna ley en particular.
Una segunda facultad ejecutiva otorgada al poder legislativo es la estipulada por los artículos 108 al 111. En el capítulo dedicado a las responsabilidades de los servidores públicos, se incluyen los delitos políticos, administrativos y penales.
En lo que respecta a cuestiones presupuestarias, el Congreso de México parece tener carta blanca (constitucional). Su facultad para aprobar, modificar o rechazar la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos le otorga una autoridad mucho mayor de la que poseen la mayoría de las legislaturas de América Latina, al tiempo que constituye un poderoso instrumento para intervenir en la determinación de la política económica. La única restricción significativa en este caso consiste en que la Constitución prescribe un presupuesto equilibrado.
En lo que respecta a la vigilancia, el Congresos está facultado para vigilar el correcto desempeño de las funciones de la Contaduría Mayor de Hacienda a través de una comisión nombrada de entre los miembros del propio Congreso: la Comisión de Vigilancia. Mediante auditorías a las dependencias gubernamentales, la Contaduría Mayor de Hacienda debe elaborar una declaración anual que confirme si el poder ejecutivo ha ejercido el Presupuesto de egresos conforme a los principios y en las cantidades establecidos en la ley.
Los poderes partidistas del presidente
Sin los poderes partidistas no está garantizada la fácil aprobación de los programas del presidente.Los poderes partidistas dependen principalmente del número de partidos en el sistema político, de las reglas electorales y de las normas internas de los partidos. En el caso de México todas estas determinantes concurren para incentivar la disciplina y la lealtad partidista al líder del partido, el presidente en turno.
En nuestro sistema hay un postulador oficial de los candidatos. El sistema no permite que los candidatos participen sin la aprobación del partido.
Los propios métodos de selección no cambiaron y que la autoridad formal ultima para postular candidatos sigue residiendo en el Comité Ejecutivo Nacional, pues ese órgano del partido es el que debe aprobar y autorizar las convocatorias para la selección de candidatos a todos los cargos de elección popular.
La falta de disciplina puede complicar y comprometer la voluntad del ejecutivo; puede poner un freno a la fuerza del presidente. Así como los partidos de la oposición ganan poder de negociación una vez que la competitividad les permite alcanzar los cargos de elección, lo mismo ocurre con los legisladores. Como ninguna otra evolución política, esta está destinada a alterar el equilibrio de las relaciones entre los poderes ejecutivo y legislativo.
viernes, 19 de octubre de 2012
Las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo: el caso de México
Tradicionalmente ha existido una brecha entre las facultades formales e informales del jefe del poder ejecutivo. Por el prolongado predominio del partido oficial (PRI) los presidentes de México han sido mucho más poderosos de lo que se deducirá mediante el análisis de sus prerrogativas constitucionales.
Una segunda dificultad la plantea el hecho de que el sistema político mexicano no ha concluido su ya prolongada transición.
Las mayores transformaciones han provenido de la modificación de la estructura de oportunidad política y de la nueva composición del Congreso, lo cual ha dado como un resultado una disminución del poder presidencial sobre su partido y un comportamiento marcadamente diferente del Congreso.
El Congreso ha tenido un desempeño en la autoridad para legislar y supervisar muy pobre. Esto no se debe por un desequilibrio de autoridad entre los dos poderes de gobierno sino del sistema político que han incrementado significativamente el alcance del poder presidencial.
El mandato constitucional del poder legislativo establece el origen y la supervivencia del Congreso, lo faculta para desempeñar las dos funciones para las que fue creado y le otorga los medios para hacerlo.
El origen y la supervivencia del Congreso está garantizado por la constitución.
La facultad para legislar es amplia y, de las tres ramas de gobierno como el poder legislativo es el que cuenta con el mayor número de prerrogativas en las esferas económica, política, administrativa, judicial y social.
Las facultades con las que cuenta el poder ejecutivo parecen ser suficientes y adecuados para hacer efectiva la división de poderes y cumplir con el propósito de contrabalancearlo.
Las facultades del congreso son un factor importante por el cual el poder legislativo establece el origen y la supervivencia independientes del Congreso.
En primer lugar el presidente no puede disolver la legislatura ni obligarla a actuar en un sentido u otro. El origen y supervivencia independientes del Congreso están “garantizados” en la constitución.
En segundo lugar, la facultad para el legislador es lo suficientemente amplia y es la que cuenta con más numero de prerrogativas.
En tercer lugar, las facultades para controlar al ejecutivo parecen ser suficientes y adecuadas para hacer efectiva la división de poderes y cumplir con el propósito contra balancearlo.
Son dos los factores que contribuyen a explicar el hecho de que el Congreso no cumpla con su función constitucional y de que renuncie a sus facultades a favor del ejecutivo, y ambos tienen que ver con la penetración de este último en la función de representación del congreso.
El Congreso se encuentra limitado para llevar a cabo sus funciones ante el poder ejecutivo.
El congreso tiene una restricción para llevar a cabo el rumbo específico a la política mediante la legislación y para vigilar la aplicación de las políticas y los actos regulatorios del poder ejecutivo, y esto es debido a causa de la presidencia que también está constitucionalmente dotada con facultades legislativas: poder de veto, facultad para presentar iniciativas de ley y autoridad para elaborar reglamentos promover decretos.
En México, la función legislativa del Congreso ha sido muy limitada. No sólo se trata de que los legisladores sean los que dan origen a iniciativas de ley sino que tampoco desempeñan la función de detener o modificar sustancialmente los proyectos de ley enviados por el ejecutivo.
Han habido estudios acerca la conducta del congreso respecto a las iniciativas de ley del ejecutivo presenta la evidencia de que el Congreso tiene debilidad.
Si nos ponemos a ver el país durante la década de 1930 y principios de la década de 1940 en particular del desarrollo del partido oficial de la fecha de su creación 1929 hasta su transformación es el bien conocido PRI puede decirse que la competitividad del sistema político se vio restringida mediante el sometimiento de la participación política fuera de la corriente dominante y los obstáculos insuperables y mediante el aumento legal del control ejecutivo sobre las cuestiones electorales.
Mediante las condiciones de competencia participación, el establecimiento de condiciones marcadamente desiguales y la atención del control sobre las instituciones encargadas de organizar las elecciones se garantizó que el Congreso estuviese formado por grandes mayorías del partido del Presidente.
El sistema de partidos resultantes se caracterizó por ser hegemónico, un sistema del que no era posible que ningún otro partido o coalición de partidos se opusiera con efectividad del partido mayoritario.
La fuente de la debilidad del congreso se debe buscar en los factores ajenos a los poderes que la Constitución otorga al ejecutivo y al legislativo, para que así haya un equilibrio respectivo.
Otras tres características se combinaron para fortalecer al poder ejecutivo frente al congreso, a) Un partido altamente centralizado y disciplinado capaz de controlar la selección de candidatos, b) La coincidencia de la presidencia del país y la presidencia del partido oficial en la misma persona, c) la cláusula de la no reelección.
Una segunda dificultad la plantea el hecho de que el sistema político mexicano no ha concluido su ya prolongada transición.
Las mayores transformaciones han provenido de la modificación de la estructura de oportunidad política y de la nueva composición del Congreso, lo cual ha dado como un resultado una disminución del poder presidencial sobre su partido y un comportamiento marcadamente diferente del Congreso.
El Congreso ha tenido un desempeño en la autoridad para legislar y supervisar muy pobre. Esto no se debe por un desequilibrio de autoridad entre los dos poderes de gobierno sino del sistema político que han incrementado significativamente el alcance del poder presidencial.
El mandato constitucional del poder legislativo establece el origen y la supervivencia del Congreso, lo faculta para desempeñar las dos funciones para las que fue creado y le otorga los medios para hacerlo.
El origen y la supervivencia del Congreso está garantizado por la constitución.
La facultad para legislar es amplia y, de las tres ramas de gobierno como el poder legislativo es el que cuenta con el mayor número de prerrogativas en las esferas económica, política, administrativa, judicial y social.
Las facultades con las que cuenta el poder ejecutivo parecen ser suficientes y adecuados para hacer efectiva la división de poderes y cumplir con el propósito de contrabalancearlo.
Las facultades del congreso son un factor importante por el cual el poder legislativo establece el origen y la supervivencia independientes del Congreso.
En primer lugar el presidente no puede disolver la legislatura ni obligarla a actuar en un sentido u otro. El origen y supervivencia independientes del Congreso están “garantizados” en la constitución.
En segundo lugar, la facultad para el legislador es lo suficientemente amplia y es la que cuenta con más numero de prerrogativas.
En tercer lugar, las facultades para controlar al ejecutivo parecen ser suficientes y adecuadas para hacer efectiva la división de poderes y cumplir con el propósito contra balancearlo.
Son dos los factores que contribuyen a explicar el hecho de que el Congreso no cumpla con su función constitucional y de que renuncie a sus facultades a favor del ejecutivo, y ambos tienen que ver con la penetración de este último en la función de representación del congreso.
El Congreso se encuentra limitado para llevar a cabo sus funciones ante el poder ejecutivo.
El congreso tiene una restricción para llevar a cabo el rumbo específico a la política mediante la legislación y para vigilar la aplicación de las políticas y los actos regulatorios del poder ejecutivo, y esto es debido a causa de la presidencia que también está constitucionalmente dotada con facultades legislativas: poder de veto, facultad para presentar iniciativas de ley y autoridad para elaborar reglamentos promover decretos.
En México, la función legislativa del Congreso ha sido muy limitada. No sólo se trata de que los legisladores sean los que dan origen a iniciativas de ley sino que tampoco desempeñan la función de detener o modificar sustancialmente los proyectos de ley enviados por el ejecutivo.
Han habido estudios acerca la conducta del congreso respecto a las iniciativas de ley del ejecutivo presenta la evidencia de que el Congreso tiene debilidad.
Si nos ponemos a ver el país durante la década de 1930 y principios de la década de 1940 en particular del desarrollo del partido oficial de la fecha de su creación 1929 hasta su transformación es el bien conocido PRI puede decirse que la competitividad del sistema político se vio restringida mediante el sometimiento de la participación política fuera de la corriente dominante y los obstáculos insuperables y mediante el aumento legal del control ejecutivo sobre las cuestiones electorales.
Mediante las condiciones de competencia participación, el establecimiento de condiciones marcadamente desiguales y la atención del control sobre las instituciones encargadas de organizar las elecciones se garantizó que el Congreso estuviese formado por grandes mayorías del partido del Presidente.
El sistema de partidos resultantes se caracterizó por ser hegemónico, un sistema del que no era posible que ningún otro partido o coalición de partidos se opusiera con efectividad del partido mayoritario.
La fuente de la debilidad del congreso se debe buscar en los factores ajenos a los poderes que la Constitución otorga al ejecutivo y al legislativo, para que así haya un equilibrio respectivo.
Otras tres características se combinaron para fortalecer al poder ejecutivo frente al congreso, a) Un partido altamente centralizado y disciplinado capaz de controlar la selección de candidatos, b) La coincidencia de la presidencia del país y la presidencia del partido oficial en la misma persona, c) la cláusula de la no reelección.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)