Parlamentarismo Ingles
Se denomina Parlamento de Inglaterra al poder legislativo del Reino de Inglaterra. Sus raíces se remontan a principios del periodo medieval. A lo largo de diversos desarrollos, fue reduciendo progresivamente el poder del monarca británico, y terminó, tras el Acta de Unión (1707), por ser la base principal del Parlamento de Gran Bretaña, y más tarde del Parlamento del Reino Unido. Esto convierte al moderno Parlamento del Reino Unido en uno de los cuerpos legislativos más antiguos del mundo,
probablemente el que más antigüedad tiene, y por esta razón en ocasiones es llamado la "Madre de todos los Parlamentos" ("Mother of all Parliaments").
“La presencia del partido en el régimen político británico podemos caracterizarla de la siguiente manera: a) el partido que gana las elecciones, gana ni más ni menos que la totalidad del gobierno: “el ganador se lleva todo”; b) con la prima que ofrece el sistema electoral al partido ganador, el gobierno cuenta (excepción hecha de los casos de presencia de un tercer partido) con una mayoría de escaños en la Cámara de los Comunes y de esta manera es el partido el que controla el Parlamento; c) el líder del partido ganador se convierte en el jefe de gobierno o primer ministro; d) el líder del partido convertido en jefe de gobierno, designa (el rey nombra pero no escoge) a las personalidades más prominentes de su partido para formar su Gabinete, colocando así al partido a cargo del gobierno; e) mientras el partido en el gobierno sea capaz de mantener su solidaridad y no haya escisión, el partido hecho gobierno podrá mantener la confianza del Parlamento; f) si el partido en el poder no se mantiene unido, seguramente perderá la confianza del Parlamento y del electorado, permitiendo así que en las elecciones generales inmediatas sea el otro partido el que forme gobierno; g) el acceso al gobierno le permite a un partido mantener prácticamente marginados al partido o partidos de la oposición, ya que el primer ministro y su Gabinete ministerial cuentan con amplios poderes ejecutivos y legislativos; cuentan con un número bastante considerable de nombramientos discrecionales que se traducen en una extensa y valiosa facultad de clientelismo personal y, además, con el monopolio de la información y de los recursos oficiales, limitando, en gran medida, la información disponible a los partidos opositores; h) en virtud de que la práctica ha demostrado la alternancia en el poder de uno y otro partido (conservador-laborista), podemos calificar al sistema como un sistema de gobierno de partido que se turna en el poder”.
El restablecimiento de un Parlamento inglés devuelto, dando poderes separados de toma de decisiones a los representantes de los votantes en Inglaterra, similar a la representación dada por la Asamblea Galesa, el Parlamento Escocés y la Asamblea de Irlanda del Norte, es un asunto en la política británica, dado a la anomalía de los MPs escoceses debatiendo asuntos ingleses cuando los MPs ingleses no son capaces de votar en asuntos que afectan exclusivamente a Escocia. La cuestión de un parlamento inglés devuelto era considerado un asunto menor hasta que el Partido Conservador anunció propuestas políticas para prohibir a los MPs escoceses votar en asuntos ingleses, aumentando la importancia del asunto. Los únicos partidos políticos activamente promoviendo un Parlamento Inglés son los extra-parlamentarios Partido Nacional Británico y el Partido de los Demócratas Ingleses.
En relación a los asuntos parlamentarios, una larga anomalía llamada la Cuestión de West Lothian ha siempre sido referenciada. Antes de la devolución escocesa, los asuntos puramente escoceces eran debatidos en Westminster. La "Cuestión" era que los MPs escoceses podía y votaban en asuntos relacionados únicamente con Inglaterra y Gales e Irlanda del Norte. La devolución galesa removió la mayor parte de la anomalía para Gales, pero no para Inglaterra: los MPs escoceses y galeses pueden votar en asuntos ingleses, pero muchos asuntos escoceses y galeses no son debatidos en Westminster.
Los MPs ingleses son elegidos al mismo tiempo que el resto de los MPs del Reino Unido. Hay 529 distritos electorales ingleses, debido a su gran número, forman una mayoría en la Cámara de los Comunes. Como el Gobierno Británico consideraba a Escocia como sobre-representada en relación a los otros componentes del Reino Unido, la cláusula 81 del Acta de Escocia 1998 igualó la cuota electoral inglesa y escocesa, y ahora Londres per se provée más MPs que toda Escocia.
Presidencialismo en Estados Unidos
El sistema presidencialista norteamericano tiene su origen en el proceso de ruptura que desemboca en la revolución americana de 1776, dando lugar a un profundo debate sobre la necesidad de un diseño institucional alejado de la impronta monárquica característica de Gran Bretaña, la antigua metrópoli: el resultado de dicho debate será la constitución de 1787, que sienta las bases de un sistema que será fuente de inspiración en el resto de la región a lo largo de los siglos XIX y XX.
Dicho modelo constitucional, cuya obra más representativa ha sido el Federalista (Jay, Hamilton y Madison, v.e.), ha tenido como bases teóricas en primer lugar la concepción ius naturalista, a partir de la cual se concibe la existencia de derechos naturales tales como el derecho a la vida, la libertad y la propiedad siendo la función primordial del gobierno preservar esos derechos inalienables, y en segundo lugar un liberalismo de inspiración lockeana, a partir de una concepción de gobierno limitado siendo el mismo resultado de un pacto entre los estados que delegan, pero no en forma irrevocable, atribuciones en un poder central reservando para si el derecho de rebelión en caso de que el gobierno actúe como tirano (Etchemendy, 1998).
El resultado institucional de dichos fundamentos será la instauración de un sistema federal, en forma conjunta con el establecimiento del moderno sistema de división de poderes, con un mecanismo de elección indirecta del presidente y los integrantes del senado federal -poder legislativo bicameral-, y el rol del poder judicial como garante y última instancia de control de constitucionalidad de los actos de gobierno.
El esquema precedentemente descripto fue diseñado con el claro propósito de enfrentar el principal obstáculo en la construcción de la república en la perspectiva de los constituyentes de Filadelfia: la tiranía y las diferentes expresiones de la misma –tiranía de la mayoría, del gobierno y legislativa- en el marco de una concepción aristocrática del republicanismo (Dahl, 1991, 2003; Gargarella, 1996).
Ahora bien, la supervivencia de un régimen depende no solo de la viabilidad de su carta escrita, sino también de la fuerza de las normas no escritas. En este sentido, algunos rasgos de la constitución de los Estados Unidos no están expresados en la carta propiamente dicha. Así es necesario hablar de la existencia de normas y prácticas de carácter paraconstitucional, que explican esta viabilidad de la pragmática experiencia presidencialista norteamericana (Pinto, 2001; Riggs, 1988).
En este sentido es central el rol jugado por el propio presidente en todo aquello relacionado con el respeto por las reglas de juego establecidas en el ámbito constitucional. Podemos hablar de un fuerte sentido de civilidad como un significado especial del respeto por el constitucionalismo liberal.
También un gabinete poco estructurado ayuda a sostener este diseño institucional dado que en reiteradas oportunidades, los ministros expresan posiciones e intereses poderosos que limitan al presidente. Al mismo tiempo, ellos más que el jefe del ejecutivo pueden encabezar proyectos destinados a lograr apoyos del congreso para políticas que también son aceptables para el presidente. El gabinete norteamericano es tan poco estructurado que parece por momentos socavar el liderazgo presidencial, dado que este debe no solo acordar con el congreso, sino también con numerosos subgobiernos dentro de la burocracia gubernamental. Allí es donde se hace necesaria la presencia de una oficina ejecutiva formada por un equipo de asistentes casi tan responsables como aquel.
El gabinete puede finalmente ser tanto un crédito como una responsabilidad para el presidente, dado que el apoyo de sus miembros hace posible los éxitos y lo cuida de sus errores y torpezas potencialmente fatales.
Por otra parte la indisciplina partidaria, en un contexto de sistema electoral con circunscripción uninominal, puede ser una condición necesaria para el éxito de la gestión presidencial ya que, si la disciplina fuera forzada, la capacidad de gobernar se vería severamente deteriorada en condiciones de gobierno dividido (Mollinelli, 1998; Sartori, 1994)3.
Sumado a ello, se encuentran un modelo de organización ampliamente descentralizado, la organización del congreso a través de un proceso descentralizado de toma de decisiones en manos de las comisiones legislativas y un modelo de orientación del electorado sobre la base de las grandes cuestiones locales.
Estas características del sistema de partidos y del sistema electoral tienen consecuencias para-constitucionales: bajo nivel de participación en el voto, altos costos en las campañas, sostenimiento de un partido efectivo de oposición, y presencia y vigencia del federalismo entre otras.
Sin lugar a dudas, el presidencialismo de los Estados Unidos, producto de su larga estabilidad institucional, ha constituido el modelo de referencia para toda la región; no obstante ello, diferentes “presidencialismos” como los de Chile y Brasil han logrado incorporar prácticas ad hoc por definición en conflicto con los rasgos constitutivos del presidencialismo, dando lugar el fenómeno de los denominados “presidencialismos de coalición” en América Latina. Procederemos a continuación a su desarrollo.
Gobierno Mixto en Francia
Francia es una república semipresidencial, que cuenta con un presidente (jefe de estado) y un primer ministro (jefe de gobierno). El presidente es elegido por votación popular, mientras que el primer ministro es escogido y nombrado por el presidente de la República. Como en todo sistema parlamentario, puede ser el líder del partido o coalición con más escaños o una personalidad destacada afín a ellos, pero no siempre es un miembro del parlamento (en este caso la Asamblea Nacional). En todo caso el presidente suele nombrar a un primer ministro que está en sintonía con la mayoría parlamentaria, a fin de asegurarse el apoyo de la asamblea. Debido a que las elecciones presidenciales y las elecciones a la Asamblea no coinciden en el tiempo, el presidente y el primer ministro pueden pertenecer a partidos diferentes. Cuando esto ocurre se llama a la situación cohabitación.
Después de que Charles de Gaulle implantara la constitución de la Quinta República en 1958, Francia ha sido gobernada por sucesivos presidentes de derecha hasta 1981. Durante la década de 1960, los partidos de izquierda tuvieron resultados más bien pobres en las elecciones a nivel nacional. Los sucesivos gobiernos aplicaron generalmente el programa gaullista, basado en la independencia nacional y la modernización económica de una manera intervencionista. La política social de De Gaulle era fundamentalmente conservadora.
En mayo de 1968, una serie de huelgas de trabajadores y revueltas estudiantiles sacudieron Francia (Mayo Francés). Pero la agitación no dio lugar a un cambio inmediato de gobierno, sino que ofreció a De Gaulle la posibilidad de ser reelegido triunfalmente en las elecciones de junio del mismo año. La herencia del gaullismo siguió gobernando Francia hasta la llegada de la izquierda a la presidencia.
En 1981, el socialista Francois Mitterrand, fue elegido presidente con un programa de reformas radicales. Después de asegurar una mayoría en el parlamento en las elecciones de ese año, su gobierno dirigió un programa de reformas económicas y sociales muy potente.
Sin embargo, en 1983, la elevada inflación y la crisis económica condujeron a una reversión de la política económica, comprometiendose el gobierno de izquierda después de las reformas de la política fiscal y de control de gastos, así como la privatización de los principales bancos franceses.
Aunque la mayoría de las nacionalizaciones fueron canceladas en 1984, o por los gobiernos posteriores, las reformas sociales se mantuvieron. Desde entonces, el gobierno alternó entre una coalición de izquierda (compuesta por el Partido Socialista y el Partido Comunista Francés y otros grupos), y una coalición de derecha (compuesta por la Unión para la Democracia Francesa y el Reagrupamiento por la República de Jacques Chirac, posteriormente sustituido por la Unión por un Movimiento Popular).
Los años 1980 y 1990 también vieron el surgimiento del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, un partido crítico con la inmigración, particularmente con la inmigración procedente de países del norte de África como Argelia, explicandola como causante del aumento del desempleo y la delincuencia. Desde la década de 1980, el desempleo sigue siendo elevado con alrededor del 10% de los trabajadores en paro, independientemente de las políticas para combatirla. Los problemas en los suburbios (un eufemismo que describe a los desfavorecidas zonas residenciales suburbanas, a menudo con una elevada proporción de población inmigrante) siguen siendo una preocupación. La presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002 fue un acontecimiento peculiar por la utilización populista del problema inmigratorio. La mayoría de partidos pidieron el voto para Jacques Chirac, con el fin de evitar la victoria de la extrema derecha. Desde 2012, el presidente de la República es François Hollande.
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